En homenaje a Lluís Fina: las tasas de empleo siguen mostrando dónde está el problema del paro en España

Oleh: Eduard Jimenez
6 febrero, 2012

 

La economía política de la crisis a la altura de 2012: insistiendo en los síntomas y olvidando de nuevo las causas

A principios de los noventa del siglo pasado las tasas de paro fueron primero complementadas y luego casi substituidas por las tasas de empleo como indicador relevante para analizar el mercado de trabajo y, especialmente, hacer las comparaciones territoriales, gracias a la labor del malogrado Lluís Fina, uno de los padres de la economía laboral de nuestro país y por aquel entonces Director General de Empleo en la Comisión Europea.

 

A tenor del literal de las discusiones sobre la reforma laboral de estos días, parece que haya caído en el olvido la innovación que ello supuso y, muy particularmente, las conclusiones que ya por aquel entonces se dedujeron para priorizar las políticas de creación de empleo en España. Nacieron algunas ideas interesantes que luego se convirtieron en vulgatas o, sencillamente, se abandonaron ante el esplendoroso futuro que nos iba a situar por encima de la media en renta por habitante de algunos grandes países vecinos.

 

Esta breve nota quiere recuperar aquellos términos bajo la convicción que los problemas del paro no son sino el reverso de nuestros problemas de empleo. En ese sentido nuestra reflexión y debate va todavía con mayor atraso al ya de por si deficiente abordaje de la crisis.

 

La evolución reciente de nuestros diferenciales en tasa de empleo con la UE: la perspectiva sectorial

En el año 2008 España había alcanzo una tasa de empleo 15-64 (proporción de ocupados sobre la población total de dicha edad) muy cercana a la EU27 y la de la Eurozona (EA), a una distancia de 1,5 puntos porcentuales (pp). Ello significa que nos ‘faltaban’ aproximadamente ‘sólo’ 470.000 empleos comparados con la media europea. El detalle por áreas y sectores se detalla en la siguiente tabla:

 

Tasa de empleo 15-64 (%) según gran sector de actividad. 2008-2010

Fuente: Elaboración propia en base a EUROSTAT, LFS

 

De la tabla se deduce igualmente que en 2010 –el último año completo disponible- ese diferencial había aumentado a más de 5,6pp, lo que ya representaría un ‘déficit de empleo’ de más de 1.750.000 ocupados. Obsérvese para ambos casos que las cifras son notablemente inferiores a nuestro volumen de paro, lo cual no deja de constatar la existencia de un paro estructural.

 

Si entramos en los detalles comprobamos de inmediato la composición sectorial de nuestra ‘cuasi normalidad’ del 2008: el Sector Primario y de Servicios Personales, pero sobretodo la Construcción y el Comercio y Turismo casi compensaban nuestro abultadísimo déficit de empleo donde verdaderamente estaba y sigue estando: en los Servicios Colectivos (administración, educación, sanidad, servicios sociales), la Industria y los Servicios Empresariales.

 

Diferenciales de tasa de empleo 15-64 por grandes sectores,. España-EA, 2008 y 2010

Sector Actividad

2008

2010

Dif. 08-10

Primario

0,45pp

0,39pp

-0,05pp

Indústria y energía

-2,13pp

-3,08pp

-0,95pp

Construcción

2,26pp

0,17pp

-2,09pp

Comercio y turismo

2,29pp

1,46pp

-0,84pp

Servicios empresariales

-1,22pp

-1,56pp

-0,34pp

Servicios colectivos

-3,78pp

-3,36pp

0,42pp

Servicios personales

0,92pp

0,87pp

-0,05pp

Extraterritoriales

-

-0,06pp

Total

-1,59pp

-5,61pp

-4,02pp

Fuente: Elaboración propia en base a EUROSTAT, LFS

 

Si tomamos Alemania como referencia –parece que lo es para casi todo estos meses!!- los resultados coinciden en la misma línea, y todavía son más acusados. Nuestro diferencial se eleva ahora a más de 12,5pp (su equivalente se acerca a cuatro millones de empleos, esto si absorbería casi todo el paro) y los principales sectores deficitarios serian la Industria y los Servicios Colectivos, casi 14pp por encima de nuestro nivel, como se muestra en la tabla.

 

Diferenciales de tasa de empleo 15-64 por grandes sectores,. España-Alemania, 2008 y 2010

Sector Actividad

2008

2010

Dif. 08-10

Primario

1,35pp

1,37pp

0,02pp

Indústria y energía

-5,80pp

-7,20pp

-1,40pp

Construcción

3,14pp

0,31pp

-2,83pp

Comercio y turismo

2,67pp

1,25pp

-1,41pp

Servicios empresariales

-2,05pp

-2,87pp

-0,81pp

Servicios colectivos

-6,04pp

-6,57pp

-0,53pp

Servicios personales

1,01pp

1,21pp

0,20pp

Extraterritoriales

-

-0,05pp

Total

-5,79pp

-12,55pp

-6,76pp

Fuente: Elaboración propia en base a EUROSTAT, LFS

 

Las tablas muestran asimismo nuestras fortalezas en el Sector Primario y en el Turístico, pero hablan también de sus limitaciones: es impensable o solamente a muy largo plazo pueden aumentarse nuestros diferenciales favorables en ambos sectores; en el primario porque tiene la tendencia estructural de sustituir trabajo por capital, en el Turismo porque a medida que crece provoca también impactos no deseados y efecto substitución de otras actividades.

 

La Construcción y los servicios inmobiliarios, que mantenían en 2010 una tasa de empleo superior a la de la zona euro, quizá deje de caer o se recupere luego, pero a nadie le interesa de verdad que supere un umbral del 6% en nuestra tasa de empleo, so pena de volver a las andadas.

 

El grueso del diferencial de empleo real, pero también aquel donde pueden articularse intervenciones que lleven a cambios en el volumen y composición de nuestro empleo es, pues, la Industria y los Servicios Colectivos y, en menor medida, los Servicios Empresariales. En realidad, si analizamos el detalle por subsectores vemos que entre los dos principales –Manufacturas y Sanidad y Servicios Sociales- representan casi dos tercios de nuestro diferencial en tasa de empleo con el área euro en 2010.

 

Entorno y desarrollo potencial de los grandes sectores con diferencial en tasa de empleo

En realidad, los tres grandes sectores mencionados casi no tienen nada que ver entre ellos por lo que se refiere a su contexto competitivo y de desarrollo. Tampoco por las características del mercado laboral que generan. Apuntemos algunas ideas sobre ello.

 

Los Servicios Empresariales

Este conjunto de actividades muy diversas contienen bien actividades que progresivamente han sido externalizadas de la industria o son complementarias a ella, bien actividades de valor añadido que se dirigen a todos los sectores. Cuantitativamente, en conjunto lo esperable es que evolucionen a la par al crecimiento de la industria y el resto de servicios, de quien viven. No pueden protagonizar grandes saltos en el volumen de empleo (a no ser que en vez de un gran casino localicemos la nueva City londinense o la plataforma europea de productos asiáticos, cosa improbable). Su importancia radica en que, cualitativamente, son aquellos que transmiten la innovación al conjunto de sectores. Su contexto es de creciente competencia y obertura, pero no hay que olvidar que incluye algunos de los sectores y actividades con mayores posiciones de dominio tradicionales (transportes, servicios profesionales,…).

 

La Industria

En este ámbito se han dado pasos atrás en esta crisis, y el diferencial ha tendido a aumentar. Resulta cuanto menos curioso que no se haya insistido más en dos hechos incuestionables.

 

El primero es que la caída de la actividad industrial se ha producido no solamente por problemas de mercado o de inadaptación a nuevos entornos; algunos de los principales y reiterados percances industriales no son debidos a que nuestras plantas sean menos competitivas, sino sencillamente a decisiones de grupos multinacionales que han mostrado otras preferencias i/o obligaciones territoriales. Pagamos así y ahora que una buena (¿la mayor?) parte de la renovación de nuestro tejido empresarial industrial se realizó en los años ochenta con capitales y manos extranjeras. No seré yo quien clame por el nacionalismo industrial, pero hay que tomar nota de los inestimables efectos a medio plazo que han tenido las ideas de Solchaga y Subirà en relación a la existencia de política industrial. El segundo hecho se ilustra en la famosa reunión de presidencia con los grandes empresarios. La presencia de industriales-industriales se pudo contar con los dedos de una mano de los 37 presentes en la primera, sobrando dedos. A la segunda algunos de estos ya no asistieron. Las manufacturas tienen muy poco peso entre las grandes empresas y particularmente entre los grandes interlocutores.

 

El contexto totalmente abierto y competitivo para las manufacturas hace que los factores claves sean casi en exclusiva innovación y financiación, dando por supuesto el de internacionalización. Pero las palancas de innovación y su conexión con los mercados son un asunto mucho más micro que macro, que no depende tanto de los sectores como de las empresas individualmente y en su caso los clústeres, y verdaderamente nuestro país no se ha puesto en serio a ello, con ganas y continuidad. Ni desde el sector público ni desde la cultura empresarial aún dominante. Tampoco en financiación parece que tengamos buenas noticias, pues el atraso de digestión del agujero inmobiliario por el sector financiero atrasa y atrasa el acceso a crédito por parte de las empresas.

 

Los Servicios Colectivos

Todos los sectores de los servicios colectivos, también las administraciones públicas, presenten en 2010 diferenciales negativos de tasas de empleo. La idea que tenemos un sector público sobredimensionado se ha ido enquistando sobre la cresta de la ola de la corrupción y la ineficiencia, y al calor de la demagogia sobre las retribuciones de electos y directivos. Solamente en las AAPP, para igualar la tasa de la zona euro ‘faltaban’ 150.000 empleados públicos más. Y en el resto de sectores las cifras son mayores: 180.000 en educación y –agárrense- más de 780.000 en sanidad y servicios sociales (se intuye que en estos últimos). Todo ello en 2010, hoy seguramente más todavía.

 

El contexto de desarrollo de los servicios colectivos no tiene nada o casi nada que ver con los dos anteriores. Depende, y son claves para ellos, de las regulaciones y del volumen de gasto público. A su vez, las regulaciones de estos sectores dependen de la calidad de las políticas, y la del gasto público del nivel y ritmo de consolidación fiscal que se adopte. El lector quizá haya anticipado mi opinión sobre la calidad de las políticas públicas en España. Mi expectativa de que de ellas se deriven buenas perspectivas para el empleo son más bien escasas a día de hoy. Y del proceso de ajuste fiscal ya se ha escrito casi todo sobre sus efectos macroeconómicos, estando por venir y ver los microeconómicos que serán también decisivos a largo plazo (rendimiento del sector público, primacía de los sectores rent seeking,…), en cualquier caso no parece que vayamos a vivir substanciales mejoras del gasto público en educación, sanidad y servicios sociales, ¿no les parece?.

 

Obsérvese que estos tres grandes sectores son igualmente aquellos llamados a ‘absorber’ el incontestable crecimiento de la formación y cualificación del país, uno de los más claros activos conseguidos las últimas décadas.

 

 

 

Epílogo: Y a todo esto la #reformalaboral

A estas alturas el lector, más todavía mis colegas economistas, habrá advertido que hasta aquí hemos hablado siempre de ‘cantidades’. Y se puede argumentar que el problema es de ‘calidades’, incluso mejor de ‘calidad-precio’ de los empleos. Se arguye así con frecuencia que el problema del desarrollo de determinados sectores proviene de las condiciones de ‘calidad-precio’; que en definitiva lo que está en la base para explicar nuestro diferencial en tasas de empleo es o bien un problema de desventajas de los costes o bien de rigideces en los mecanismos de ajuste natural de los mismos. Salarios relativos, otros costes donde el país está poco dotado (energía) y los mecanismos de fijación de ajuste (convenios y esos funcionarios tan poco trabajadores) serian los causantes del problema.

 

No puedo estar más de acuerdo y más en desacuerdo a la vez. Que la economía española tiene una problema de productividad agregada lo demuestra el simple hecho que nuestro diferencial de renta se explica tanto por diferencias en la productividad como por la baja tasa de empleo. No creo, sin embargo,  que nadie pueda aventurar hoy los efectos macro y microeconómicos de la reforma, y no encuentro adjetivos para calificar a los que instrumentalizan el nivel de paro para su justificación. Si pensamos en los tres sectores clave, no parece que la reforma vaya a afectar realmente sus condiciones de desarrollo.

 

Pero hay un efecto que puede anticiparse de la experiencia reciente de este decenio y medio dorado: en igualdad de condiciones (rendimientos) tanto la población en general como muy particularmente el capital y buena parte de los empresarios prefieren lo fácil (construcción, rendimientos financieros, el sol que despierta en mayo,…) a lo difícil (manufacturas, servicios avanzados, neoterciario,…). Y lo fácil es también lo cercano al poder (infraestructuras, grandes servicios, instituciones financieras) que lo alejado (investigación, pymes, iniciativa social,…). De manera que en el mejor de los casos quizá sí que, con el tiempo, sufrimiento, y eso que llaman la devaluación interna, el volumen total de empleo se recupere. Pero probablemente en ese caso lo será en la dirección equivocada para superar nuestro diferencial de tasas de empleo estructurales (Manufacturas y Servicios Colectivos)

 

Sin desatender ninguna de las razones que estos días se barajan, convendremos que la urgencia en la necesidad de tomar decisiones no hace necesariamente buenas cualquier de ellas. El problema del paro seguirá siendo la absoluta insuficiencia de nuestro apoyo a la industria productiva innovadora, de la que tenemos numerosos ejemplos en muchos sectores y territorios; la debilidad crónica de nuestro sistema de bienestar -y la falta de valentía para tomar decisiones con las que financiarlo- , y el bajo rendimiento de nuestras políticas públicas (de la asunción de responsabilidades en los problemas y del funcionamiento de la administración), prisioneras ya hoy de la demagogia antipolítica.

 

No aceptemos que todo va mal ni que hay un defecto cuasi genético entre los españoles, origen de la necesaria penitencia. Si superamos tanta retórica y ponemos incentivos reales a los actores claves, nuestro potencial competitivo es enorme. No deberíamos pasar de un país que casi llegó a ser caro y malo a uno que puede convertirse en barato y malo. Pero de eso hablaremos otro día, que hoy estoy de homenaje.

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